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domingo, 3 de marzo de 2024

Lo inexplicable


 Por Franco Catalani

LO INEXPLICABLE

Sigue siendo extremadamente difícil para mí, comprender cómo fue posible que 14 millones y medio de personas votaran el “personaje” Milei. Y digo explícitamente personaje, porque eso es lo que interpretan las personas que deciden hacer una carrera con alta exposición pública, sea artística, política o cualquier otra cosa; más allá de que los seres humanos de carne y hueso (incluido el del personaje) distingan o no entre ambos.

Este personaje es perverso, siniestro, emocionalmente desequilibrado, sádico, lamebotas hasta lo nauseabundo…y presidente de la Argentina. Aquí es donde la realidad y el personaje entran en contacto y generan un efecto letal. Porque este personaje no se queda recortado en un escenario frente a un público que lo mira, sino que ingresa la burbuja de lo real y detona mecanismos de poder con una enorme capacidad de daño. ¿Por qué lo pusimos ahí? ¿por qué lo llevamos de la pantalla a la calle?

Me asumo parte de esta sociedad y responsable de la tragedia –aunque hice todo lo posible por evitarlo– quizá por eso la pregunta me estalla en la cabeza minuto a minuto desde el 19 de noviembre de 2023 a las 20 hs. más o menos, cuando el otro candidato reconoció la derrota.

Desde entonces tengo cierta avidez por escuchar las motivaciones de los votantes del personaje. No abrigo el menor interés de discutirlas, sólo quiero escucharlas, observarlas, como quien mira a través de una vitrina un objeto rescatado de algún mundo insondable; un objeto inexplicable en nuestro… en “mi” horizonte simbólico.

Lo poco que he escuchado son creencias inverosímiles (del tipo de “seremos como…. Irlanda, Alemania, cobraremos en dólares” etc.), pasiones radicales (“se les acaba la joda a los chorros, los vagos” … “ahora mi laburo va a ser para mí”) y la típica apuesta (“yo siempre laburé y siempre me cagaron, probé un cambio”). Eso es todo.

Obviamente no me interesa saber los motivos del 0,5% de argentinos/as con activos en el exterior. Aquí no hay creencias ni pasiones, sólo intereses, puros y duros.

¿Cómo llegaron esas motivaciones (no las puedo llamar argumentos) a apoderarse tan profundamente de 14,5 millones de personas? Me imagino muchas causas. El implacable asedio mediático que hoy supera con creces en cantidad y capacidad de influencia la de los “medios tradicionales”; que es de financiamiento, planificación y ejecución mundial. El arrasamiento psicoemocional de personas que trabajan 10 hs. diarias en condiciones infrahumanas para ganar 5 o 10 mil pesos semanales, e incuban un resentimiento social tan grande y turbio como el sometimiento que padecen. Una burocracia de todo tipo de instituciones cuyo único interés es asegurar su lugar y mirar para otro lado. Un sistema político–institucional amañado que promete libertad e igualdad y asegura sometimiento, violencia y desigualdad crecientes. Un sistema científico que, igual que las burocracias, se aisla de su propia realidad y sigue investigando o transmitiendo conocimientos incapaces de transformarla.

Ninguna respuesta me alcanza para encontrar un sentido a esta distopía real, para soportar un tiempo incandescente. Quiero que pase, que pase rápido, que deje de arder y cuando escampe parezca nuestra esperanza.

 


La estafa del sentido comúm


                                                     dibujo: Luis Scafati
Por JCP
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Acerca de las mayorías

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LA ESTAFA DEL

SENTIDO COMUN

              Examinando los resultados electorales con una manera más honesta que el falso Doctor” que dice a los argentinos que bajaron los alquileres, que el pueblo votó para que lo empobreciera, que dentro de treinta años seremos c como Irlanda.

Solo el   76,32% de los 35 millones de electores habilitados para votar  concurrió a las urnas,

Cifra que representó una caída de 1,33% con relación a las elecciones generales del 22 de octubre pasado, según datos oficiales de la Dirección Nacional Electoral (DINE) tras ser escrutado el 99,12% de las mesas habilitadas.

Milei tuvo 14.5 millones de votos en el ballotage, sobre un padrón de  35 millones. O sea, un 41% de los votos.

No lo postuló  el 60% de los argentinos habilitados para votar.

Los 20.5 millones de personas  que no lo votaron, porque no asistieron o eligieron otra opción no dejan de ser argentinos ni pierden sus derechos .

Si la referencia  de la primera elección establece que el caudal de votos duros de Milei fue del 30 por ciento, este valor define que su aporte de sufragios químicamente puros  a los 14.5 millones fue tan solo de  4.35 millones.

 Así, de acuerdo con las cifras oficiales publicadas, sumaron más de 8,2 millones las personas habilitadas para votar que no concurrieron a las urnas -23,68% del padrón-, pese a que en la Argentina rige el voto obligatorio.

El ballotaje fue incluido en el sistema electoral tras la reforma constitucional de 1994 y se utiliza solamente cuando ninguno de los candidatos o candidatas a presidentes consigue reunir más del 50 por ciento de los votos, o más del 45 por ciento y una distancia de al menos 10 puntos en relación al segundo en la compulsa.

La contabilidad sesgada de medios y analistas sotiene en cambio que Milei obtuvo el  55,70% de los votos -y una ventaja de 11,41 puntos.

No sedebe debe dajar por alto  ,además, que del resultado general ,1,55% fue en blanco y 1,62% nulos.

En comparación con los comicios generales del 22 de octubre pasado, el porcentaje de votos en blanco cayó 0,51%, mientras que los sufragios nulos se duplicaron: pasaron de 0,81 a 1,62%.

El Código Nacional Electoral establece que el "voto en blanco" es legítimo y se lo considera así cuando el sobre está vacío o contiene un trozo de papel de cualquier color sin ninguna inscripción.

El "voto nulo", por su parte, es el que se emite con una boleta no oficializada, con inscripciones, imágenes inadecuadas u objetos extraños en el sobre.

A fuerza de ser justos indicamos que reásando  el relevamiento de datos históricos, las cifras más altas de participación se registraron en las elecciones de los años 1983 y 1989 superando más del 85% en los dos procesos electorales inmediatamente posteriores a la recuperación democrática.

En las elecciones siguientes de la década de 1990 los porcentajes bajaron, pero no de manera considerable, ya que la participación se mantuvo en un 82%.

De manera que el 76,32 de esta sufragio   no invalida las aseveraciones iniciales y   mantiene las proporcionalidades que subrayan que el respaldo electoral del presidente es minoritario.

 

Fuentes: DCB, Ambito Financiero, diario La Nación.

 

 


Lo inexplicable

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