Por Franco Catalani
LO INEXPLICABLE
Sigue siendo extremadamente
difícil para mí, comprender cómo fue posible que 14 millones y medio de
personas votaran el “personaje” Milei. Y digo explícitamente personaje, porque
eso es lo que interpretan las personas que deciden hacer una carrera con alta
exposición pública, sea artística, política o cualquier otra cosa; más allá de
que los seres humanos de carne y hueso (incluido el del personaje) distingan o
no entre ambos.
Este personaje es perverso,
siniestro, emocionalmente desequilibrado, sádico, lamebotas hasta lo
nauseabundo…y presidente de la Argentina. Aquí es donde la realidad y el
personaje entran en contacto y generan un efecto letal. Porque este personaje
no se queda recortado en un escenario frente a un público que lo mira, sino que
ingresa la burbuja de lo real y detona mecanismos de poder con una enorme
capacidad de daño. ¿Por qué lo pusimos ahí? ¿por qué lo llevamos de la pantalla
a la calle?
Me asumo parte de esta sociedad y
responsable de la tragedia –aunque hice todo lo posible por evitarlo– quizá por
eso la pregunta me estalla en la cabeza minuto a minuto desde el 19 de
noviembre de 2023 a las 20 hs. más o menos, cuando el otro candidato reconoció
la derrota.
Desde entonces tengo cierta
avidez por escuchar las motivaciones de los votantes del personaje. No abrigo
el menor interés de discutirlas, sólo quiero escucharlas, observarlas, como
quien mira a través de una vitrina un objeto rescatado de algún mundo
insondable; un objeto inexplicable en nuestro… en “mi” horizonte simbólico.
Lo poco que he escuchado son
creencias inverosímiles (del tipo de “seremos como…. Irlanda, Alemania,
cobraremos en dólares” etc.), pasiones radicales (“se les acaba la joda a los
chorros, los vagos” … “ahora mi laburo va a ser para mí”) y la típica apuesta
(“yo siempre laburé y siempre me cagaron, probé un cambio”). Eso es todo.
Obviamente no me interesa saber
los motivos del 0,5% de argentinos/as con activos en el exterior. Aquí no hay
creencias ni pasiones, sólo intereses, puros y duros.
¿Cómo llegaron esas motivaciones
(no las puedo llamar argumentos) a apoderarse tan profundamente de 14,5
millones de personas? Me imagino muchas causas. El implacable asedio mediático
que hoy supera con creces en cantidad y capacidad de influencia la de los
“medios tradicionales”; que es de financiamiento, planificación y ejecución
mundial. El arrasamiento psicoemocional de personas que trabajan 10 hs. diarias
en condiciones infrahumanas para ganar 5 o 10 mil pesos semanales, e incuban un
resentimiento social tan grande y turbio como el sometimiento que padecen. Una
burocracia de todo tipo de instituciones cuyo único interés es asegurar su
lugar y mirar para otro lado. Un sistema político–institucional amañado que
promete libertad e igualdad y asegura sometimiento, violencia y desigualdad
crecientes. Un sistema científico que, igual que las burocracias, se aisla de
su propia realidad y sigue investigando o transmitiendo conocimientos incapaces
de transformarla.
Ninguna respuesta me alcanza para
encontrar un sentido a esta distopía real, para soportar un tiempo
incandescente. Quiero que pase, que pase rápido, que deje de arder y cuando
escampe parezca nuestra esperanza.

