Javier Milei es un teórico de
Billiken .Farsante al que ni siquiera
sus desbocados plagios logran
despojarlo de su mediocridad de Isidorito chanta.
Embustero de la primera hora, se
abrió paso en la consideración pública con su colosal tergiversación de la ciencia política y de la historia al
sostener que él encarna al anarquismo capitalista.
El hombre que cobija a la casta
mientas se mimetiza en ella es soldado de Murray Rothbard y sirviente de los monopolio.
Esta definición de principios constituye
un oxímoron, a veces lo empleamos al decir “inteligencia militar” , “mentiras verdaderas” . Un absurdo comparable
a asociar a Petobello o Bullrich con la empatía.
Y más: hemos que «El axioma básico de la teoría
política libertaria postula que cada hombre es dueño de sí mismo, en posesión
de soberanía absoluta sobre su propio cuerpo”, En efecto, esto significa que
nadie puede invadir o agredir justamente el cuerpo de otra persona.
¿Cómo concilia este principio con el artífice de un plan que
se mete con la comida diaria, hambrea, persigue, lo condena a la pobreza y subvierte sus valores espirituales?
El capitalismo sostiene la
inexorabilidad de la pobreza.
Lo que proyecta el anarquismo es
antitético del mercantilismo..
Instituye una doctrina socialista, tal el marxismo, o las
teorizaciones utopistas,.
Con traspiés y aciertos se
ha abierto paso en la historia, de
manera indubitable. Sus postulados y
prácticas son atacados con profunda saña como consecuencia de sus corduras más
que por sus errores.
De hecho todos han coincidido en el objetivo de la libertad y
bienestar del ser humano. El hombre es bueno por naturaleza (Rousseau ) y
la estructura hegemónica jerárquica que proviene de la organización estadual pervierte esa ecuación.
De ahí proviene la necesidad de
abolir el Estado. Aquí descansa la mentira de Milei, que se cuida de revelar que el
anarquismo, promueve un cosmos horizontal,
con medidas tales como , la aniquilación
de la propiedad privada y la herencia, la ausencia de privilegios de ninguna
naturaleza…
Prohudon, Kropokin, Bakunin, convenían
en que la supresión del Estado conllevaba un pacto entre iguales, la
imperiosa exigencia de construir una plataforma
social colectivista, horizontal, solidaria, basada en la hermandad.
En fin, una organización libre y
armoniosa del trabajo cuyo principal antagonista es el modelo de concentración
y explotación del capitalismo.
Exegetas del líder libertario
sostienen que no mintió cuando anticipó su plan de gobierno.
Pues si lo hizo, al ocultar estas contradicciones que no persiguen otra cosa que embellecer y disimular la voracidad de los patrones del poder. Allanar el camino a este plan de entrega
integral que conduce a convertir a la Argentina
en una factoría.
Y luego hay otra ficción acaso más grave: la de disfrazar la matriz del fascismo en los
pliegos de una presunta democracia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario