Por Franco Catalani
Hace no muchos días, hablando con
un amigo sobre el fenómeno Milei, usó esa expresión para referirse a una de las
principales causas del engendro.
Por mi parte creo que más propio
que celebrar 40 años de democracia, deberíamos celebrar 4 décadas sin golpes de
estado cívico militares. Parece lo mismo pero no lo es. Tampoco es menor,
aunque cabe moderar expectativas. Lo que mal llamamos democracia, es en
realidad un gobierno representativo. Así lo dice nuestra constitución en su
artículo 1: forma de gobierno [debería decir forma de “Estado”] representativa,
republicana y federal. Las diferencias son muchas y potentes sin embargo hay
una vieja práctica de identificar una con otra (democracia con representación
política) o de conjuntarlas sintácticamente (“democracia representativa,
liberal o moderna”). Así como la distinción entre una y otra es capital, el
esfuerzo por ocultarla o disimularla no es inocente. La clave pasa por ese
vocablo complejo y su correlato real: representación política. Como es obvio,
no se pueden abordar en un modesto artículo sus múltiples aristas, aunque
abrigo la idea de hacerlo en pequeñas grageas.
Hay algunas preguntas que siempre
me dan vueltas por la cabeza. Si en el último siglo y medio de historia de
nuestra nación, uno de los problemas políticos centrales ha sido la
continuidad/discontinuidad constitucional de los gobiernos, ¿acaso el derecho
electoral y político-partidario, la ley militar, de seguridad y penitenciaria,
no deberían ser materias fundamentales de las carreras de derecho y temas
estratégicos de investigación?. Hasta donde sé, no existen materias
curriculares con esos contenidos, menos que menos temas prioritarios de
investigación. A lo sumo algún seminario periférico en el primer caso, en el
segundo ni eso.
La misma pregunta cabe respecto
de la, así llamada, “ciencia económica”. Nadie va a encontrar en ninguna
universidad una carrera económica que no sea estrictamente liberal. Mientras
sigamos dependiendo de técnicos para manejar la economía nacional, la
posibilidad de que no sea liberal dependiente es muy limitada.
Creo que la pista viene, una vez
más, por el lado de la colonialidad. La ciencia y sus instituciones (ni hablar
de la ciencia social) es una de las herramientas más poderosas de sometimiento
mundial de poblaciones y colectivos. En esa relación, no interesa -ni debe
hacerlo- un desarrollo crítico en ese sentido: temas electorales, fuerzas
armadas y de seguridad; economía crítica no eurocéntrica0.
No hay “revoluciones tempranas,
crecen desde el pie”, tampoco hay golpes ni gobiernos representativos
tempranos, crecen desde el pie.
Las fuerzas armadas ya no asumen
ese supuesto rol heroico de sacrificar el gobierno representativo para salvar a
la nación. Se dieron cuenta -gracias al movimiento de memoria verdad y
justicia- que no era más que un fraude en el que ellas también pagaban los
platos rotos.
Algo parecido han comprendido los
Steve Bannon, Elon Musk, Bill Gates, Mark Zuckerberg, Jef Bezos y nuestro
pequeño mejor alumno Marcos Galperin (de ellos se trata): hay herramientas más
eficaces y menos sangrientas para sostener la gigantesca línea de montaje que
extrae riqueza de nuestros territorios y trabajadores/as y los acumula en sus
sitios web: los golpes de mercado y el asedio cultural. El dólar controla el
mercado (interno y externo), la Fox, Hollywood, Google, Meta y anexos, el
asedio cultural. ¿Qué pueden hacer contra eso nuestros gobiernos representativos?:
en las actuales condiciones, de muy poco a nada.
Es esa la historia de las tres
olas neoliberales en los últimos 40 años (las tres M: Menem, Macri, Milei).
Desde donde sí se puede hacer es
desde una nueva forma de construcción política. Hace falta comenzar de cero,
con otra perspectiva (crítica, centrada en el sur), a partir de otra sustancia
política (el ejercicio cotidiano de cada comunidad de personas de ganarse su
pan día a día y de verse así misma en el mundo) y otra estructura política (donde
el centro de gravedad esté en esa comunidad y no en las sucesivas -y quizá
necesarias- delegaciones). En buena medida lo están intentando Kicillof y
Grabois.

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